domingo, 9 de enero de 2011

Trabajo sobre Nada, de Carmen Laforet (1ºB)

Os propongo hacer entre todos el trabajo de lectura de este trimestre. Debería tratar los aspectos que os detallo a continuación, y haría falta formar grupos de trabajo compuestos por diferentes personas:

Parte 1: La novela. Localización y tema.

1. Portada (voluntario)
2. El premio Nadal. ¿Cuándo se fundó? ¿Qué novelistas lo han ganado? ¿Con qué obras? (2 alumnos)
3. Discurso de recepción del premio Nadal de la autora de Nada. (2 alumnos)
Agradecimientos al jurado y al público asistente, localización de la novela en el contexto de la obra de la autora, significado de la novela, posibles elementos autobiográficos en la misma. ¿De qué trata la obra?
4. Varias imágenes que sugieran la nada. (voluntario)

Parte 2: Los personajes de la obra

5. Entrevista a Andrea. (2 alumnos)
¿Por qué marcha a Barcelona? ¿Qué busca allí? ¿Qué supone para ella el ambiente universitario? ¿Cómo son sus relaciones con su familia actual?
6. Una página del diario de Andrea. (1 alumno)
En conexión con algún pasaje de la novela.
7. El árbol genealógico de la familia de Andrea. La historia de la familia. (2 alumnos)
Recopilación de los datos que conocemos sobre cada uno de los personajes que intervienen en la obra y tienen algún parentesco con Andrea (también los que son nombrados).

Parte 3: El argumento

8. Resumen ilustrado de la obra. (6 alumnos, para hacer el resumen y las ilustraciones)
9. Grabación de alguna escena de la novela. (6 alumnos)

Parte 4: El espacio y el tiempo

10. Imágenes de la Barcelona de Nada (de la época en que sucede la acción de la novela y solo de los lugares por los que pasea Andrea) con fragmentos a continuación. (3 alumnos)

Trabajo sobre Nada, de Carmen Laforet (1ºC)

Trabajo escrito sobre Nada de Carmen Laforet.

- En pareja
- Seleccionar y transcribir cinco fragmentos significativos del texto.
- Indicar capítulo en que se encuentran y página. (al final del trabajo se debe indicar qué edición se está utilizando).
- Justificar por qué se ha seleccionado ese fragmento en concreto.
- Plazo de entrega: 7 de febrero de 2011
- Normas de entrega: interlineado 1’5, justificado, márgenes 2’5 cm.

Ejemplo:

Pensé que realmente estaba comenzando para mí un nuevo renacer, ya que nunca había tenido una amiga con quien me compenetrara tanto, ni esta magnífica independencia de que disfrutaba

Segunda parte, capítulo XI, pág. 119

Tal y como ella misma afirma, Andrea está comenzando una nueva etapa: después de la marcha de Angustias, elemento represor durante toda la primera parte de la novela, Andrea recibe su primer sueldo y lo gasta a su antojo, libremente (también irresponsablemente). Pero, sobre todo, lo que llena de forma especial su nueva vida es la amistad incipiente con Ena, compañera de universidad. Por fin Andrea siente que está consiguiendo sus dos grandes anhelos: independencia y amor. Sin embargo, como vemos en el resto del capítulo, en el fondo todo sigue igual: las peleas entre Juan y Gloria son continuas, y acaban en terribles palizas, el hambre atenaza a Andrea, y la lleva al límite de la locura… Siempre, en esta novela, los momentos de felicidad de la protagonista se ven contrapuestos con momentos de absoluta infelicidad.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Novela años 50

Deberes de Navidad



Además de los que ya tenemos de ortografía (dosier), debéis hacer una redacción.
- 400 palabras (margen de 10 ó 20)
- a mano
- márgenes, buena letra, etc.

Además, para cada redacción presentaréis:

- esquema previo (con las ideas principales a tratar, ordenadas jerárquicamente)
- borrador (todo buen escritor hace un borrador de sus escritos)
- redacción final



El tema es:


Biografía ficticia de un escritor/a


- año de nacimiento (y muerte si es pertinente)


- nacionalidad


- principales visicitudes vitales


- época histórica


- géneros literarios cultivados


- corriente artística y/o literaria


- títulos de sus obras principales


- temas y rasgos estilísticos sobresalientes





Sobre todo recordad que no os pido la biografía de un escritor real, sino de uno inventado. Debéis, pues, imaginar los datos que os pido. Sin embargo, vuestra fantasía debe resultar verosímil, es decir, creíble. Deberéis por tanto basaros en alguno de los períodos literarios que hemos visto en clase.

Principio de Paraíso inhabitado, de Ana María Matute

Nací cuando mis padres ya no se querían. Cristina, mi hermana mayor, era por entonces una jovencita displicente, cuya sola mirada me hacía culpable de alguna misteriosa ofensa hacia su persona, que nunca conseguí descifrar. En cuanto a mis hermanos Jerónimo y Fabián, gemelos y llenos de acné, no me hacían el menor caso. De modo que los primeros años de mi vida fueron bastante solitarios.

Uno de mis recuerdos más lejanos se remonta a la noche en que vi correr al Unicornio que vivía enmarcado en la reproducción de un famoso tapiz. Con asombrosa nitidez, le vi echar a correr y desaparecer por un ángulo del marco, para reaparecer enseguida y retomar su lugar; hermoso, blanquísimo y enigmático…

Fragmento de El camino, de Miguel Delibes

Una tarde se dio la luz en plena proyección y
Pascualón, el del molino, fue sorprendido con la
novia sentada en las rodillas. La cosa iba mal, y a
finales de octubre, don José, el cura, que era un
gran santo, convocó en su casa a la comisión.
—Hay que tomar medidas urgentes. En realidad ni las
películas son ya morales, ni los espectadores
guardan en la sala la debida compostura. Hemos caído
en aquello contra lo que luchábamos —dijo.
—Pongamos luz en la sala y censuremos duramente las
películas —arguyó la Guindilla mayor.
A la vuelta de muchas discusiones se aprobó la
sugerencia de la Guindilla. La comisión de censura
quedó integrada por don José, el cura, la Guindilla
mayor y Trino, el sacristán. Los tres se reunían los
sábados en la cuadra de Pancho y pasaban la película
que se proyectaría al día siguiente.
Una tarde detuvieron la prueba en una escena dudosa.
—A mi entender esa marrana enseña demasiado las
piernas, don José —dijo la Guindilla.
—Eso me estaba pareciendo a mí —dijo don José. Y
volviendo el rostro hacia Trino, el sacristán, que
miraba la imagen de la mujer sin pestañear y
boquiabierto, le conminó—: Trino, o dejas de mirar
así o te excluyo de la comisión de censura.
Trino era un pobre hombre de escaso criterio y
ninguna voluntad. Poseía una mirada blanda y acuosa
y carecía de barbilla. Todo ello daba a su rostro
una torpe y bobalicona expresión. Cuando andaba se
acentuaba su torpeza, como si le costase un esfuerzo
desplazar a cada paso el volumen de aire que
necesitaba su cuerpo. Una completa calamidad. Claro
que hasta el más simple sirve para algo y Trino, el
Sacristán, era casi un virtuoso tocando el armonio.
Ante la reprimenda del párroco, Trino humilló los
ojos y sonrió bobamente, contristado. Al cura le
asistía la razón, pero ¡caramba!, aquella mujer de
la película tenía unas pantorrillas admirables, como
no se veían frecuentemente por el mundo.
Don José, el cura, veía que cada día crecían las
dificultades. Resultaba peliagudo luchar contra las
apetencias instintivas de todo el valle. Trino
mismo, a pesar de ser censor y sacristán, pecaba de
deseo y pensamiento con aquellas mujeronas que
mostraban con la mayor desvergüenza las piernas en
la pantalla. Era una tarea ímproba y él se
encontraba ya muy viejo y cansado.
El pueblo acogió con destemplanza las bombillas
distribuidas por la sala y encendidas durante la
proyección. El primer día las silbaron; el segundo
las rompieron a patatazos. La comisión se reunió de
nuevo. Las bombillas debían de ser rojas para no
perturbar la visibilidad. Mas entonces la gente la
tomó con los cortes. Fue Pascualón, el del molino,
quien inició el plante.
—Mire, doña Lola, para mí si me quitan las piernas y
los besos se acabó el cine —dijo.
Otros mozos le secundaron.
—O dan las películas sin cortar o volvemos a los
bosques.
Otra vez se reunió la comisión. Don José, el cura,
estaba excitadísimo:
—Se acabó el cine y se acabó todo. Propongo a la
comisión que ofrezca el aparato de cine a los
Ayuntamientos de los alrededores.
La Guindilla chilló:
—Venderemos una ocasión próxima de pecado, don José.
El párroco inclinó la cabeza abatido. La Guindilla
tenía razón, le sobraba razón esta vez. Vender la
máquina de cine era comerciar con el pecado.
—Lo quemaremos entonces —dijo, sombrío.
Y al día siguiente, reunidos en el corral del
párroco los elementos de la comisión, se quemó el
aparato proyector. Junto a sus cenizas, la Guindilla
mayor, en plena fiebre inquisidora, proclamó su
fidelidad a la moral y su decisión inquebrantable de
no descansar hasta que ella reinase sobre el valle.
—Don José —le dijo al cura, al despedirse—, seguiré
luchando contra la inmoralidad. No lo dude. Yo sé el
modo de hacerlo.
Y al domingo siguiente, al anochecer, tomó una
linterna y salió sola a recorrer los prados y los
montes. Tras los zarzales y en los lugares más
recónditos y espesos encontraba alguna pareja de
tórtolos arrullándose. Proyectaba sobre los rostros
confundidos el haz luminoso de la linterna.
—Pascualón, Elena, estáis en pecado mortal —decía
tan sólo. Y se retiraba.
Así recorrió los alrededores sin fatigarse,
repitiendo incansablemente su terrible admonición:
—Fulano, Fulana, estáis en pecado mortal.